El creciente problema de la adicción a los teléfonos inteligentes.

Somos tan adictos a nuestros teléfonos inteligentes que a menudo bromeamos sobre la adicción. Sin embargo, muchas personas aún no se dan cuenta de que la adicción a los teléfonos inteligentes es en realidad un problema muy real que afecta a miles de personas en todo el mundo. Uno de cada diez usuarios de teléfonos inteligentes ahora admite usar su teléfono en la ducha y durante las relaciones sexuales. Las mismas cifras incluso muestran que la mitad de la gente usa la conducción.

Esto ya es un gran problema, pero es probable que la adicción a los teléfonos inteligentes se vuelva aún más común debido a la creciente demanda y el acceso a los teléfonos. Sin mencionar los rápidos avances en tecnología que les permiten realizar más tareas a velocidades aún más rápidas.

¿Cómo te enganchas en tu teléfono?

Los teléfonos inteligentes nos permiten conectarnos con amigos y familiares, informarnos y entretenernos, así como sitios web que van desde CNN a Number Direct, con un toque de la pantalla táctil. En resumen: se han convertido en una parte crucial de la vida cotidiana.

Sin embargo, el uso excesivo del producto de esta manera es la razón principal por la que las personas se vuelven adictas. Algunos están luchando para funcionar sin su teléfono a su lado. Alrededor del 72% de los encuestados dijeron que rara vez estaban a más de cinco pies de distancia de su dispositivo en todo momento. Esto se llama nomofobia (abreviatura para ausencia de fobia móvil); el miedo a estar lejos de tu teléfono de alguna manera te está desconectando del mundo.

Al igual que con muchas formas de adicción, la adicción a los teléfonos inteligentes a menudo está vinculada a otros problemas emocionales y psicológicos subyacentes. Puede ser un efecto secundario de depresión o trastorno obsesivo-compulsivo. El abuso de un teléfono puede ser una muleta en la que también pueden confiar las personas con estrés postraumático, déficit de atención y ansiedad social.

Las consecuencias de la adicción a los teléfonos inteligentes.

La adicción a los teléfonos inteligentes, especialmente para los niños, está cambiando la forma en que interactuamos unos con otros. Kim Nam-Hee, miembro del grupo cívico Kwon en Corea del Sur, le pidió a una clase de niños de 10 años que compararan las horas que pasaban en sus teléfonos inteligentes con el tiempo que pasaban interactuando con sus seres queridos. Descubrió una brecha preocupante entre la cantidad de interacciones digitales y humanas en las que se involucraban.

Las consecuencias son muy serias. La interacción humana ayuda a un niño a desarrollarse emocional y conductualmente de una manera que la comunicación a través de un teléfono inteligente no puede. Esto le permite a un niño ver la reacción emocional de una persona y distinguir entre lo que es bueno y lo que es malo. Enviar SMS, hablar o usar redes sociales en un teléfono inteligente no puede hacerlo.

Sin embargo, los adultos no son menos propensos a volverse adictos a sus teléfonos inteligentes y sus costos no son menos destructivos. Por ejemplo, mirar una pantalla evita que el cerebro libere algo llamado melatonina, nuestra sustancia química natural utilizada para dormir. Como resultado, nuestros cuerpos no se dan cuenta de que estamos cansados. Por lo tanto, el uso excesivo de los teléfonos inteligentes provoca una interrupción de los hábitos de sueño y significa que no funcionamos tan bien todo el día, lo que afecta nuestra capacidad para trabajar.

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